¡Auxilio que me muero! ¿O me matan?

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El presidente ejecutivo de la Organización Sanitas Internacional, Ignacio Correa Sebastián, reveló que el actual déficit de la caja de la empresa podría llevarla a cerrar sus puestas dentro del país. Por su lado, la periodista Andrea Ballesteros, indicó que la gerencia de la aseguradora se reunió nuevamente con los directivos de la Superintendencia de la Actividad Aseguradora (Sudaseg), para ver si por fin le terminaban de aprobar el plan económico que propusieron ya hace casi un año ya que “están rayando el precipicio”, colocando en riesgo la viabilidad de la compañía en Venezuela. Correa aseveró que el desequilibrio de sus cuentas es debido a la imposibilidad de aumentar las tarifas de los planes que ofrece. De hecho, la empresa de salud informó a través de un comunicado publicado en su página web, que cerrará las puertas de su clínica en La Castellana a partir del próximo 16 de diciembre.

Y no es para menos en una economía inflacionaria como la de Venezuela, en la que se proyecta que el año cerrara con una inflación superior al 500% y en donde además el Gobierno también inflige una suerte de “control de precios” a las empresas aseguradoras. La Sudaseg sólo permite un monto máximo de póliza de Bs. 150.000 para la hospitalización, mientras que la de maternidad es de Bs. 60.000, según la Gaceta Oficial 40.376 correspondiente al mes de diciembre de 2013. Es decir, una regulación que tiene 3 años de vencida.

Esto, además de limitar el trabajo de las aseguradoras, también afecta de una manera grotesca a los usuarios, cuando no solo no pueden costear sus pólizas sino que además estas no cubren la totalidad de las necesidades y éstos tienen que incurrir a medidas drásticas y extremas para poder salvar sus vidas o las de sus familiares. Por ejemplo, para una apendicectomía, el presupuesto es de 47.968 salarios mínimos, es decir, se necesitan casi 4 años para poder costear esa cirugía que de no atajarse a tiempo, se cobra la vida de las personas.

Ahora ¿cómo ocurrió esta hecatombe? Fácil…  en un reporte realizado por Runrunes, se da cuenta de cómo se vino abajo el sistema de salud. La primera vez que el presidente Hugo Chávez confirmó públicamente que había dejado el Ministerio de Salud en manos de un militar, fue durante una alocución en Barquisimeto, una tarde del 26 de mayo de 2007 en el que en un intento de presentación ante la sociedad, designó al coronel Jesús Mantilla, que venía de presidir el Instituto Venezuela de Seguros Sociales (IVSS), como el  Ministro de esa cartera, sustituyendo a Erick Rodríguez, médico especialista en salud pública. Quienes le siguieron a Mantilla en el cargo fueron los tenientes coroneles Carlos Rotóndaro, Luis Reyes Reyes y la coronela Eugenia Sader, quienes solo contribuyeron a que la opacidad y los escándalos se mantuvieran en el tiempo.

De esta forma, la bota militar desde Mantilla hasta Sader, tejió una red alrededor de ellos al momento de designar titulares en la cartera. Junto a ellos, otros guiseros verdes llegaron a posiciones de alta jerarquía para controlar desde oficinas de administración y planificación hasta las dependencias encargadas de la compra de medicinas.

A esto también se le suma la decadente situación farmacéutica del país, en la que según el presidente de la Federación (Fefarven), Freddy Ceballos, afirma que se ha tornado “aún más crítica” debido a la escasez de medicamentos aunado a la quiebra de, por lo menos, 45 farmacias independientes entre los estados Anzoátegui, Lara, Barinas, Zulia y Nueva Esparta, también como consecuencia de las políticas de Superintendencia de Precios Justos (Sundde). Asimismo, las compañías farmacéuticas internacionales como Novartis, Sanofi, Pfizer, entre otras, han anunciado su retirada del país, especialmente tras el anuncio que sus beneficios de 2015 en Venezuela, pasaron a ser una excepción al catalogarse como pérdidas de millones por deudas acumuladas. Y es que también debido al control de cambio instaurado en el 2003, éstas no han podido subsistir, porque las obliga a solicitar autorizaciones ante Cadivi, Cencoex, Simadi, etc., cuando necesitan realizar compras o pagos en el exterior. De esa manera, lo laborioso del proceso hace insostenible el cumplimiento a tiempo de los compromisos financieros, se acumulan deudas y por lo tanto se les impide importar y así abastecer el país de medicamentos.

Así, tenemos cómo es que llegamos a esta situación. Con una escasez del 85% de los medicamentos necesarios en el país, en el que solo se consigue el 5% de los materiales quirúrgicos y en donde nos encontramos desabastecidos de al menos 150 medicamentos base recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Entre controles de precios y el control cambiario impuesto sobre aseguradoras y farmacéuticas, añadiéndole la rampante corrupción dentro del Ministerio de Salud, plagado de guiseros vestidos con botas militares desde hace casi 10 años, no es para menos que estemos viviendo esta desesperada situación. Más bien, mucho hacemos los venezolanos sobreviviendo…

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